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El incendio

Tendríamos que haber estado algo más que sordos y ciegos. Tendríamos que haber perdido el sentido del tacto, y el olfato también para no haber sentido las cosquillas del humo ese ratón arañando con las patas la garganta, el mordisco que nos traía en la piel, como un disparo, el fuego que habíamos montado entre la cocina y el baño. Era cierto que yo no veía. Me besabas intermitentemente y en el vagón del true love yo cerraba los ojos cada vez que lo hacías. Me besabas tanto y tan bien que decidí dejarlos cerrados siempre para ver, nunca mejor dicho, si invirtiendo el orden de los factores el producto seguía siendo el mismo. Estaba sordo ya a esas alturas. Tus gemidos me habían traspasado el tímpano, y se habían instalado de tal manera en mi cerebro que habían cerrado la puerta con llave por dentro. Lo tuyo venía de serie. Eras un manual de instrucciones del desastre. Y yo un lector compulsivo, que no podía dejar a la mitad los libros. Follamos hasta que se rompió la cama. Bebimos hasta ...

Farolero

Tu cuerpo es la avenida de los sueños. Y yo el humilde empleado municipal, mono azul, feliz como los magnates del petróleo de tener todas las farolas brillando y brillando el día de Navidad.

Rhyme 'n' reason

A veces pienso que hemos llegado hasta aquí como dos caballos. Como dos purasangres que se disputan el Grand National, en una de esas ediciones en las que la niebla y la lluvia y la deficiente cobertura de la BBC impiden ver más allá de sus propios hocicos. Tú resoplas y me miras con los ojos gordos. Yo sudo y levanto la mandíbula porque he leído en los libros que soy el macho que tiene que protegerte. Pero la hierba nos hace las mismas cosquillas en los espacios interdigitales, y en el abrazo tras la línea de cal que no ha cruzado ninguno, son mis pulsaciones las que tienen el ritmo de la música electrónica y las tuyas las que se gastan un vals interior. A pesar de la caricia de niebla que nos disfraza de vírgenes, tu camiseta se separa de tu cuerpo el centímetro justo como para dejar ver tu piel, pálida y a la vez intensa, en el momento en el que rompe definitivamente a sudar. Tus labios se mojan cada poco tiempo al compás de tu pequeña lengua, en mi pequeña lengua se cita la saliva ...

1988: odisea en el espacio interior

Entras en la cámara de música con las cinchas de la escafandra todavía colgando: los pequeños apéndices de la esfera se esfuerzan por hacerte cosquillas en el cuello mientras terminas de ajustarte los guantes, muñeca, a tu muñeca a la que le sienta tan bien ser el principio del látex. : tienes los ojos tan abiertos que pareces un agujero negro: En la habitación de las pantallas, donde el acero y los botones rojos y verdes y el síndrome de las piernas inquietas, la comunidad científica te da las últimas instrucciones. Hay algo extraterrestre en la manera en la que te muerdes entonces el labio, hay algo a la vez extraterrestre y precioso en la posibilidad de que el perfilador, que te has aplicado violando los códigos de esterilidad de la nave, pueda rebasar con el mordisco la capa más superficial de tu epidermis para colarse en tu torrente sanguíneo, camuflado en rojo como uno de cada dos semáforos. : los semáforos, ya lo sabes, son viejos (tímidos) verdes que se ponen rojos cuan...
Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Buenos días, princesa

http://www.youtube.com/watch?v=DFv2qxeMprc&NR=1

La reina del Pang

espero que me perdones por desvelar tu secreto más oculto Hay un brillo en sus ojos que no había visto ni siquiera en la prórroga de los orgasmos récord del mundo. Un brillo que viene del fondo del túnel del tiempo, y que hemos comprado al pasado al precio que tenían entonces las mismas llamadas de teléfono que ahora nos sostienen a los lados de la cuerda del funambulista los días de diario. Juega con burbujas con pistolas con relojes que paran el reloj igual que las manos con las que juega paran la sala de máquinas cuando hacen hervir todas las armas. Cuando inventa con su cuerpo el vocablo destreza. Juega; en sus pupilas sin fondo me enamoro de la ley de la gravedad mientras su simpático explorador mira continuamente al cielo. Ella no deja de hacerlo aunque esté lloviendo, el cielo, el cielo, mira y se cuelga de él con burbujas con arpones con forma de lengua que clava del cielo, el cielo de la boca abierta; hay un brillo en sus ojos de pantallas de miles de colores que me recuerda q...

Mil palabras

Hay una parte de mi cama que no duerme. No es una huelga declarada, es más bien un paro espontáneo, tan cardíaco como un infarto, porque le sale del corazón y de los muelles. Así que para combatir su insomnio hace pasar las noches junto a mí un rebaño de ovejitas. Que al principio, cuando se cierran las cortinas de la vía láctea, me ayudan a dormir, que a la mitad me despiertan y entretienen con sus sueños de oveja que quiere ser androide, que más bien llegando al final ocupan mi lado en busca de hierba fresca. Hay una parte de la cama que no duerme, y a mí la mañana me encuentra en el suelo día sí día también. Que del suelo, por cierto, sólo queda la mitad. Pero no porque esté cortado con sierra ni nada similar. Está cercenado de tal manera que no me pueda librar del ajedrez matutino y que de cada dos pasos en uno deje de hacer pie y me convierta en submarinista sin remedio hasta el piso de abajo. El tiempo que no estoy cayendo, me duelen los pulmones de tanta apnea, y siempre tardo u...

Más que mil palabras

ganas de hacer contigo lo que los bolígrafos con las mangas: frotarnos el uno contra el otro hasta que nuestra electricidad estética nos ponga de punta incluso los pelos...

Mata Hari en el espejo

Mata Hari en el espejo sostiene el arma con las dos manos. Estamos en mitad de una guerra, y en sus labios rojos sostiene una sonrisa como se sostiene el sedal de la caña de pescar, como aguanta el bando vencedor la línea enemiga, sin un milímetro de hemorragia. Los dos sabemos que el amor es sólo una escaramuza, y que tarde o temprano un pelotón de fusilamiento nos prestará doce pares de ojos, que ella será recordada para la posteridad por haber disparado antes a los soldados que se atrevieron a apuntarla y que no hará falta compensar con el flash la oscuridad del plomo cerrándonos la mirada. Pero mientras tanto hemos hecho nuestro el edificio de la embajada. Las embajadas, como los consulados y también las oficinas de correos, son edificios no-polares, porque ignoran el exceso de las orgias y la familiaridad de los dedos descalzos. Por eso es tan divertido ir de un lado a otro revolviéndolo todo con el sexo sobre las mesas y los pies poéticamente helados: Mata Hari y yo nos hemos exc...